Marzo me invita a reflexionar sobre lo que significa ser mujer. Como mujer oaxaqueña, inmigrante, primera generación y madre, he aprendido que mi historia no se construye sola. Se construye en comunidad. Se construye, muchas veces, gracias a otras mujeres.
Cuando llegué a Los Ángeles hace más de 20 años, llegué con sueños, pero también con miedo. No tenía a mi familia en esta ciudad. No tenía una red de apoyo. Me sentía sola y fue en una de las sucursales de la Biblioteca Pública de Los Ángeles “Felipe de Neve”, en mi antiguo vecindario, donde comenzó a cambiar mi historia.
Las bibliotecarias fueron de las primeras mujeres que impactaron mi vida aquí. Al principio era solo una usuaria más, pero al asistir con regularidad, el vínculo y la confianza fueron creciendo. Se convirtieron en mis primeras amigas en esta ciudad. Me escuchaban, me orientaban y me animaban. Fueron ellas quienes me motivaron a aprender inglés. Me hablaron de una escuela de adultos en el vecindario y sembraron en mí la idea de invertir en mi educación.
Ahí se encendió una chispa.
Una chispa que me llevó a creer que podía aspirar a más. Que mi historia como inmigrante y madre no estaba limitada por el idioma ni por mi estado civil. Que podía abrir camino, incluso cuando no sabía exactamente cómo hacerlo.
Lo más hermoso de esta historia es que esas mujeres siguen siendo parte de mi vida. Con el paso de los años, nuestra relación se transformó en una amistad profunda. Han visto crecer a mis hijos. Hemos abrazado el proceso juntas, casi sin darnos cuenta. Lo que comenzó con un libro en una biblioteca se convirtió en comunidad. Y esa comunidad hoy se siente como familia.
Por eso, cuando pienso en el Mes de la Mujer, pienso en ellas. Pienso en las mujeres que tienden la mano sin saber que están cambiando destinos. Pienso en la fuerza silenciosa de quienes acompañan, aconsejan y creen en otras cuando aún dudamos de nosotras mismas.
Yo soy el resultado de muchas mujeres que me apoyaron. Y por eso creo que a la mujer no se le debe celebrar solo un mes. Se le debe celebrar todos los días: en cada gesto de apoyo, en cada palabra de aliento, en cada oportunidad que abrimos para otras.
Porque cuando una mujer avanza, no camina sola. Ya que juntas, siempre es mejor.
