Alexander Laparra camina hoy por el campus de la Universidad Estatal de California en Northridge (CSUN) con una certeza que antes no tenía.
A sus 18 años, estudia Nutrición y Ciencia de los Alimentos y trabaja a medio tiempo. Es el primero en su familia en asistir a la universidad. Desde fuera, su historia podría parecer la de cualquier estudiante. Pero detrás de cada clase, cada turno de trabajo y cada paso en el campus, hay una batalla que pocos ven.
Hubo un tiempo en que Alex, como lo llaman sus amigos, avanzaba sin rumbo. En la preparatoria John H. Francis Polytechnic, las distracciones pesaban más que las metas. Las amistades, la procrastinación y el miedo al fracaso lo mantenían estancado. La idea de dejar la escuela para trabajar y ganar dinero rondaba constantemente en su mente.
Hasta que la vida lo obligó a replantearse todoreplantearlo todo.
El derrame cerebral de su padre, Juan Carlos, sacudió por completo a la familia. En casa, la preocupación reemplazó la rutina. La estabilidad emocional y económica se volvió frágil y, para Alex, la realidad adquirió un nuevo sentido.
Ese golpe no solo transformó su entorno, sino que también lo impactó profundamente a nivel personal. En medio de cambios tan abruptos, Alex recuerda haberse sentido perdido. “No sabía qué hacer con mi vida. Me sentía sin rumbo, con la autoestima muy baja y desorientado por todo lo que estaba pasando”, dice. La incertidumbre y la presión familiar lo enfrentaron a una etapa de confusión que lo obligó a cuestionarse su futuro.
Fue ese momento que lo cambió todo.
Graduarse de la preparatoria dejó de ser una meta lejana y se convirtió en una necesidad urgente. Al mismo tiempo, nació en él una inquietud más profunda: entender la enfermedad de su padre, aprender cómo ayudarlo, cómo mejorar su alimentación y cómo prevenir que otros pasen por lo mismo. Esa experiencia lo encaminó hacia su carrera actual.

Sin embargo, reconoce que el impulso más fuerte vino de casa.
“Mi mamá ha sido mi mayor apoyo. Ella me inscribió en programas como Reducción de Pandillas y Desarrollo Juvenil (GRYD, por sus siglas en inglés) y en el Centro Familiar El Nido, en Pacoima. Le agradezco mucho por eso”.
Su madre, Guadalupe, vivió ese proceso con angustia. “Pensé que no se iba a graduar. Lo veía deprimido, muy apagado”, cuenta.
Fue entonces cuando buscó ayuda en el Centro Familiar El Nido, una organización que desde 1925 brinda apoyo integral a familias en el condado de Los Ángeles.
El Nido trabaja con un enfoque familiar, ofreciendo terapias, orientación y programas comunitarios que generan un impacto a largo plazo. Con más de 150 profesionales, la organización atiende a familias en hogares, escuelas y centros comunitarios. De acuerdo con datos de su sitio web, cientos de niños, jóvenes y adultos reciben servicios cada año, incluyendo miles de horas de terapia gratuita.
Ahí comenzó otro tipo de transformación.
Con acompañamiento y nuevas oportunidades, Alex empezó a reconstruir su camino. Mejoró sus calificaciones, completó cursos adicionales de matemáticas y obtuvo los créditos necesarios para graduarse a tiempo y aplicar a la universidad.
No fue un cambio instantáneo. Sino una decisión diaria.
Hoy, su historia forma parte de las muchas que reflejan el impacto de organizaciones comunitarias como El Nido. Pero más allá de las cifras, lo que permanece es el cambio tangible en una vida.
“Estoy muy orgullosa de él”, dice su madre. “Se puso bien los pantalones y salió adelante. Todo ha sido difícil, especialmente lo de su papá, pero eso lo ayudó a madurar. He visto mucho crecimiento en él desde que empezó la universidad. Además, no solo apoya económicamente en casa, sino también se ha convertido en un ejemplo para su hermano menor”.
Alex aún tiene metas por cumplir. Quiere ayudar a su padre en su recuperación a través de lo que aprende en CSUN, lograr estabilidad financiera para su familia y, en el futuro, apoyar a otras personas que atraviesan situaciones similares, especialmente dentro de comunidades inmigrantes.
Para Alex, cada experiencia tiene un propósito y aunque la enfermedad de su padre ha sido uno de los momentos más difíciles de su vida, también se convirtió en el punto de partida de algo nuevo.
